Una verdad inamovible: una persona consume mucho más aire a lo largo del día que comida o bebida. Nadie en su sano juicio consumiría alimentos en mal estado o una bebida envenenada. ¿Por qué lo haríamos con aire contaminado? La respuesta es que no lo haríamos si supiésemos a ciencia cierta si el aire que respiramos en casa o en nuestro lugar de trabajo fuese nocivo para nuestra salud.

He aquí el dilema. No es fácil determinar la calidad del aire. Nadie se plantea a corto plazo si lo que respira es bueno o malo. Uno hincha los pulmones y, si no huele mal, es que es sano y todo está bien. Como veremos ahora el tema dista mucho de ser tan sencillo.

¿Cómo podemos determinar la óptima calidad del aire interior?

Existen normativas a nivel europeo y también a nivel nacional que regulan las instalaciones térmicas o sea RITE (Reglamento de Instalaciones Técnicas) y la construcción de edificios (Código Técnico de Edificación). Estas normativas no dejan de ser tan sólo una aproximación a los valores de referencia que se deben establecer para dejar claro y cristalino a qué atenerse para determinar qué es un aire bueno para la salud o lo contrario.

Hoy en día no existe ninguna normativa pormenorizada que establezca los límites máximos y mínimos de concentración de productos químicos aceptables para nuestro organismo. El aire que respiramos contiene acetona, formaldehído y benceno entre otros. Estos forman parte de los compuestos volátiles orgánicos y que pueden reaccionar con el ozono existente a nivel del suelo. Este tipo de reacciones dan como resultado los contaminantes secundarios: no provienen de la propia fuente de contaminación, pero cuando reaccionan con el ozono, el agua o la luz del sol dan lugar a un nuevo tipo de contaminantes.

Se conocen sintomatologías específicas por exposición a productos químicos utilizados en el hogar o emanados de los electrodomésticos. Ocurre que la exposición a estos factores puede provocar irritación en la garganta, nariz y ojos.

La combustión en los sistemas de calefacción de nuestros hogares produce dióxido de nitrógeno y monóxido de carbono. El humo del tabaco contiene benceno y aunque nadie de la casa sea fumador, las partículas de esta sustancia pueden contaminar todo un edificio. El gas radón se encuentra en la naturaleza y puede provocar cáncer de pulmón. En cuanto al plomo, todavía hoy se encuentra en la pintura de ciertas casas antiguas. Los insecticidas caseros son plaguicidas organofosforados muchos de ellos.

Las partículas en suspensión como microbios, moho o virus pueden causar alergias y asma.

Pero al final nadie nos asegura en qué proporción estos compuestos resultan inocuos.

Cuando existe exposición a largo plazo a productos como los citados anteriormente, no podemos afirmar de forma irrefutable que sean los causantes de cáncer de pulmón o daños en la capacidad reproductiva de las personas.

La llegada de la COVID19 no ha resultado en un beneficio sino todo lo contrario. Si antes no existía consenso ni base legal para establecer parámetros de calidad del aire interior, desde la pandemia que se desató en 2019, la recopilación de datos científicos para su estudio no se vio beneficiada en nada y se enfangó hasta casi estancarse.

¿Cómo afectan las humedades a nuestro organismo?

La humedad en edificios suele estar causada por una deficiencia en la impermeabilización a nivel del suelo. El subsuelo de nuestros edificios es capaz de drenar el agua en no poca proporción. Pero cuando ya no da más abasto, esa agua asciende por los poros naturales de los materiales de construcción.

Cuando un edificio tiene humedades supone una gran molestia para la salud de las personas con asma y alergia pudiendo causar un empeoramiento rápido de sus dolencias.

El exceso de humedad promueve el crecimiento de microorganismos bacterianos o el propio moho. Estos sueltan al aire que respiramos una gran cantidad de contaminantes.

 

Personas hipersensibles o en riesgo por la contaminación del aire en interiores

Existen varios factores que pueden agravar los síntomas causados por ciertos contaminantes. Las enfermedades cardiovasculares, predisposición genética o un estilo de vida determinado pueden hacer que seamos muy sensibles a ciertas sustancias presentes en el aire.

Sin tener únicamente que circunscribir la gravedad de los síntomas a una determinada población muy específica, existen grupos que son potencialmente más vulnerables. Los niños, las mujeres embarazadas y las personas mayores son un grupo poblacional que hay que proteger con más vehemencia por tratarse de personas más susceptibles a sufrir menoscabo en su salud.

La ventilación como mejora de la calidad del aire interior

No hay que perder la esperanza ante este escenario tan agorero. La primordial y mejor recomendación que podemos hacer es cuidar al máximo los sistemas de ventilación. La ventilación es la solución inmediata a posibles afecciones en las personas debidas a un aire interior contaminado.

Si tuviésemos que definir qué es la ventilación diríamos que se trata de la renovación del aire: sustitución del aire existente por la misma cantidad de aire nuevo en un lapso determinado de tiempo aceptable.

Esto lo medimos en ACH que son las siglas en inglés de Air Change per Hour o cambio de aire por hora en castellano.  1 ACH sería la tasa mínima de ventilación del aire por hora.

Se recomienda que, para evitar que nos afecte un aire potencialmente contaminado, la ventilación sea de 5 a 6 ACH. Esto equivaldría a 12,5 litros de aire por segundo y persona.

Esto es en lo referente a la ventilación natural. Cuando la ventilación ha de ser forzada o mecánica, los valores deben aproximarse lo máximo posible a la natural.

Cada vez más gente y en más países de Europa está haciendo saltar la alarma ante un problema poco estudiado y que, sin embargo, reviste tanta importancia. No podemos dejar al azar el posible riesgo para la salud de nuestras familias o del personal de nuestro lugar de trabajo. En cualquier caso, el cuidado, la supervisión y el mantenimiento de los sistemas de ventilación deben ser llevados a cabo por profesionales.

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Control de plagasLa importancia de la calidad del aire interior para la salud de las personas